«Con Todo Nuestro Ser»

TALLER DE FORMACIÓN PARA GRUPOS DE ALABANZA


“Canten al Señor con alegría,[…] Cántenle una
Canción nueva; toquen con destreza y den voces de alegría.”

Salmo 33:1-3



La Palabra del Señor nos llama a adorarle, a darle todo nuestro ser, y esforzarnos para dar lo mejor de nosotros para conseguir la excelencia en nuestro servicio (Romanos 12:1). Como adoradores, y en concreto como músicos sirviendo en la Iglesia, nuestro papel en el culto al Señor es reflejar o “hacer descender” (véase el papel de la música en la dedicación del templo de Salomón, en los capítulos 5, 6 y 7 de 2 Crónicas, y concretamente en 2 Crónicas 5:13, 6:1-2, 7:1-6) la gloria de Dios a través de la música.

Tristemente, en muchas iglesias encontramos a veces mediocridad en el aspecto musical de la adoración a Dios. Esto puede ser causado por diversos motivos, pero uno de los más recurrentes es la falta de preparación y de conocimiento en las áreas musical y espiritual de los integrantes del grupo de alabanza.

Es por ello que he decidido desarrollar un currículo educativo que permita tanto al grupo de alabanza como a los músicos y líderes del mismo alcanzar los siguientes objetivos:

  • Convertirnos en adoradores en espíritu y en verdad, tal y como Dios
    quiere que seamos, y que nuestra adoración sea lo más genuina,
    limpia y excelente posible.
  • Capacitar al grupo de alabanza para aprender a ensayar, arreglar y
    hacer sonar cualquier repertorio utilizando la instrumentación
    disponible en la iglesia, sin depender de elementos externos como
    secuencias, clicks o pistas.
  • Enseñar a los músicos cómo trabajar tanto los aspectos técnicos de
    su instrumento como los aspectos musicales del repertorio que están
    tocando, de tal forma que alcancen la libertad a la hora de interpretar
    la música que les permita adaptarse a la guía del Espíritu Santo y a
    las necesidades de cada momento en la alabanza y la adoración.
  • Aumentar la unidad y la comunión entre los miembros del grupo de
    alabanza, de tal forma que cuando adoren sean junto con la
    congregación realmente como un solo cuerpo, el Cuerpo de Cristo.
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